Tareas para niños de primaria

3 leyendas de Cuyutlán Colima

Cuyutlán es un pueblito pequeño que casi nadie conoce, bueno algunos surfistas sí vienen a esta playa porque las olas son enormes y se ven de color verde. Aquí hay algunos hoteles, pero no hay mercado, plazas comerciales ni cines. Hay una calle principal y muchos metros de playa con arena negra que se pega a tu piel.

También hay jejenes, los jejenes son unos mosquitos que causan ronchas dolorosas, además de la comezón se siente que te arde la piel y entre más te rascas más comezón te da.

En Cuyutlán, como en todo lugar de México, hay leyendas que te ponen los pelos de punta, te cuento las 3 leyendas de Cuyutlán Colima más escalofriantes… y si vienes de visita a este sitio no te atrevas a salir a mitad de la noche, te puedes encontrar con fantasmas y hombres extraños que te llevarán al fondo del mar.

3 leyendas de Cuyutlán Colima

Cuando llegamos a Cuyutlán nos contaron estas tres leyendas, no sé si estén recopiladas en algún libro porque aquí se han transmitido de padres a hijos. Y hablamos con un chico que vio al hombre tortuga durante una noche que estaba en el mar…

A mí me dio miedo, aquí no hay mucha luz en las calles, se ven las estrellas durante la noche, pero no puedes ver dónde pisas, así que no salimos después de que oscurece, además, la casa en la que estamos (o estuvimos, depende de en qué fecha leas este artículo) es la única habitada en esta calle, en contraesquina hay un baldío y después está la carretera oscura y solitaria. Los sonidos de la noche son escalofriantes, las hojas se mueven y salen los animales nocturnos que no te dejan dormir…

Pero basta de preámbulos, pasemos a las leyendas

Leyenda de los enamorados separados por un tren

Cuenta la leyenda que a principios del siglo XX, cuando todavía había trenes de pasajeros que recorrían el país y Cuyutlán recibía a los turistas en el único hotel de la localidad, un señor decidió proponerle matrimonio a su novia en la estación del tren.

Le pareció una idea romántica, así que citó a su novia a la medianoche. Ella aceptó, tendría que salir a escondidas de su casa porque una señorita no podía andar sola a esas horas, pero no le importó, estaba muy enamorada.

Él llegó antes que ella, sacó el anillo y comenzó a preparar su discurso, buscaba el lugar perfecto y las palabras más amorosas para convencer a su novia de casarse lo más pronto posible.

La noche destilaba amor: la luna llena brillaba en el cielo, los animales nocturnos creaban una romántica melodía y los mosquitos estaban dormidos.

El novio estaba tan emocionado que su mano tembló y el anillo cayó a las vías del tren. Él se puso a buscar la argolla, que estaba bajo una de las vías, metió su mano, tomó el anillo, pero al intentar sacar la mano ¡se dio cuenta que tenía el brazo atorado!

Su novia llegó, la sorpresa quedó arruinada porque el novio tuvo que explicarle que estaba intentando sacar el anillo de compromiso.

Ella estaba feliz por la propuesta, aunque no hubiera sido perfecta, pero tenían que liberar ese brazo atorado así que comenzó a ayudar a su futuro esposo.

A lo lejos se escuchó el silbato del tren.

Los enamorados se asustaron, no podían liberar el brazo, el tren se acercaba rápidamente y no había nadie a quien pedir ayuda.

Él novio empujó a su novia para alejarla de las vías, era un tren de carga que no paraba en esa estación y cuando el conductor se dio cuenta de que un hombre estaba a mitad de la vía era demasiado tarde.

El novio perdió su brazo, la sangre salía a borbotones de su cuerpo. Su novia se acercó horrorizada y se desmayó mientras su novio agonizaba. Nada se pudo hacer… cuando la novia abrió los ojos, vio el cuerpo inerte de su prometido.

Ella enloqueció, se la llevaron lejos porque no podía soportar el dolor que sentía cada vez que escuchaba el silbato del tren.

Cuentan que en las noches de luna llena se ve al novio buscando ese anillo perdido…

El tren todavía pasa por Cuyutlán, tres o cuatro veces al día se escucha su silbato que también suena a mitad de la noche, desesperado, como avisando de una próxima desgracia.

Leyenda de el camino de los muertos

Cuyutlán es famoso por su sal, muchos habitantes trabajan en la salina. La sal se extrae de la laguna, en esa laguna hay cocodrilos y partes lodosas en las que te puedes hundir como si fueran arenas movedizas.

El camino para llegar a la laguna ahora no es peligroso, pero antes, cuando todavía no había carreteras, muchos trabajadores desaparecían sin dejar rastro. Los culpables de las muertes eran esos fosos de lodo: si caías en uno de ellos difícilmente podías salir.

Cuentan que por las noches puedes ver a personas caminando, lucen ropas antiguas que no corresponden a esta época, los conductores que se han detenido para invitar a los caminantes a subir al auto se encuentran con una cara inexpresiva, con unos ojos de mirada perdida y una sonrisa que presagia la muerte.  Los conductores de pronto sienten mucho miedo y se arrepienten de haberse detenido. Pisan a fondo el acelerador y salen huyendo, ven por el retrovisor y… no ven nada.

El caminante ya no está.

Nosotros no hemos recorrido ese camino de noche, es mejor evitar sustos 🙂

La leyenda del Gentil

Esta es la última de las 3 leyendas de Cuyutlán Colima.

En Cuyutlán hay como 10 calles horizontales y unas cuarenta calles verticales, el pueblo es muy pequeño y todos pueden llegar a la playa caminando. Hace muchos años, en la década de los 30 hubo una enorme  ola que llegó hasta la iglesia. Los habitantes de este lugar están acostumbrados a las maravillas que hay en el mar, aquí llegan las tortugas a poner sus huevos, como el mar es muy profundo hay quien cuenta que se pueden ver ballenas, delfines y más animales marítimos.

Cuenta la leyenda que hace muchos años, cuando todavía no se cuidaba a las tortugas porque había muchas y se creía que nunca se terminarían, las personas cazaban tortugas para hacer una deliciosa sopa con esa carne. También sacaban los huevos de la playa para venderlos a los turistas o llevárselos a las grandes ciudades.

Un día, unos hombres buscaban tortugas en el mar, tenían listas las redes, pero a unos quinientos metros de la playa la lancha se detuvo, como si alguien la agarrara con gran fuerza. Los hombres se asustaron un poco, pero tiraron las redes para capturar a las pobres tortugas…

Sintieron un tirón, señal de que una tortuga había caído en la trampa.

Estuvieron ahí por algunas horas, cuando quisieron sacar la red la sintieron muy pesada, jalaron con todas sus fuerzas y cuando la pudieron salir ¡se encontraron con un hombre dentro!

El hombre no parecía normal, sus ojos brillaron con odio, rompió la red y peces y tortugas escaparon. El hombre misterioso salto al mar, de pronto la barca se pudo mover y los hombres huyeron asustados del lugar.

Varios habitantes del pueblo han visto al gentil, el hombre del mar que cuida las tortugas. Se aparece por la playa cuando se mete el sol.

Un amigo nos contó que una noche él también lo vio: estaba en el mar, ya había oscurecido y estaba a punto de irse a su casa, se acercó al agua para quitarse el exceso de arena… a lo lejos vio un hombre. Ya no era hora de turistas y todos los habitantes del Cuyutlán saben que no se debe entrar al traicionero mar de noche. El hombre se acercaba, nuestro amigo se alejó de la playa… cuando volteó esperando ver al hombre, no vio nada. La playa estaba completamente vacía.

Por si las dudas yo no me acerco sola al mar cuando es de noche.

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